El proyecto de ley que tenemos para votación hoy, sale del trabajo

conjunto entre todos los bloques de la oposición que hemos trabajado

en conjunto para lograr una propuesta que tiene dos objetivos claros

en vista: proteger a las PYMES y a los Consumidores.

A pesar de los repetidos intentos de discusión con el bloque del

oficialismo, fue imposible alcanzar acuerdos mínimos.

Esto no es casual, y nos llevó a tener dos propuestas tan distintas:

porque tenemos dos visiones muy distintas que en estos temas son

casi imposibles de unificar.

Para el oficialismo actual, este proyecto es un problema, mientras

que, para el resto, esto es una necesidad de hace mucho.

Tenemos que trabajar en estudiar las cadenas de comercialización,

optimizar los costos, controlar los abusos y fomentar a las PYMES para

lograr competencia real. No podemos dejar librada a las grandes empresas

el orden del mercado: eso no funciona así en ningún lugar del mundo.

Es un liberalismo tercermundista que estamos cansados de escuchar

una y otra vez. El estado tiene que estar presente de forma inteligente y

dejando espacio para todos los jugadores y no únicamente para los que

puedan de por sí pisarle la cabeza a los demás.

Estoy cansado de escuchar como se habla de las PYMES pero a la

hora de protegerlas, todo es súbitamente difícil y mejor no controlar

o hacer nada. De los consumidores, poco y nada hemos escuchado de

estos grupos. Para ellos, los consumidores no son sujetos de derecho,

son ejes del mercado al que le encajamos productos y servicios. No

personas, si no un mero pasamanos.

Pero a pesar de las trabas de una gran parte del oficialismo (no de

todos, eso tenemos que reconocerlo, porque hay diputados de esa

bancada que comprenden con claridad la necesidad de avanzar en

un estado inteligente y no ausente), este proyecto es una obligación

que nos pusimos nosotros mismos. Recuerden que venimos a cumplir

con el deber que la ley de Defensa de la Competencia 27.442 puso en

el artículo 87 y 88 en cabeza del ejecutivo (que no cumplió) y que no

podemos seguir posponiendo.

En las condiciones actuales de nuestra República resulta

imprescindible tomar medidas que protejan tanto al pequeño

empresario como al consumidor. La grave escalada inflacionaria que

afecta los mercados implica una merma en el consumo, por lo tanto,

en este proyecto proponemos medidas concretas tendientes a facilitar

al micro y pequeño proveedor el ingreso a grandes supermercados,

sin condiciones leoninas que le coarten su derecho a expandirse

en el mercado. Por otra parte, las medidas propuestas facilitarán

al consumidor el acceso a todo el abanico de productos existentes

de similares características, pudiendo concentrarse en un pequeño

espacio para poder decidir su mejor opción sin tener que concurrir a

distintos establecimientos en búsqueda de diferentes ofertas.

No podemos dejar relegadas a las economías populares a los

medios más lejanos y difíciles: tenemos que ayudar a este sector y

al de las pymes a poder acceder a todos los canales de distribución.

No todos los consumidores pueden dedicar el tiempo extra que

los demás canales de distribución implican (aun cuando muchos

lo hacen). Tenemos que darles a estos productores, todas las

oportunidades para que puedan competir, crecer y tecnificarse. Pero

mientras que no impongamos reglas de juego justas, los fuertes van a

seguir acaparando los mostradores y los distribuidores van a preferir

manejarse con menos proveedores, a costa del trabajo y economía

de cientos de miles de PYMES y consumidores de todo tipo.

En este sentido, el proyecto deja reglas claras y se inclina sin

dudas a favor de los que tienen preferencia en nuestro sistema. Es

un proyecto incómodo para las grandes empresas sin dudas, por eso

siempre ha tenido resistencias.

Esta ley que estamos proponiendo, es una apuesta por un mercado

minorista mucho más transversal, con oportunidades para todos. Y

tiene dos obligados fuertes: el estado mismo y las empresas grandes.

El estado tiene que hacer un esfuerzo en mejorar enormemente

sus sistemas de control. Necesitamos ir a una agencia nacional de

protección de los consumidores, no podemos seguir esperando a que

un puñado de inspectores controles a cientos de miles de comercios

de todo el país: nos falta información clara y nos falta mucho más,

fuerza para imponer las sanciones y controles que hagan efectiva la

ley. En esto, las asociaciones de defensa del consumidor de todo el

país nos pueden ayudar, pero necesitamos un ente autárquico, fuerte

y con potestades suficientes.

A las grandes empresas, les cabe ahora la obligación de adaptarse

a reglas de juego mas accesibles, a trabajar con sus proveedores

en lugar de apretarlos para cumplir, a tomar pasos decididos para

trabajar con sus cadenas de distribución de una manera inteligente y

democrática. Tenemos que terminar con esta costumbre de apretar

al mas pequeño, porque ese pequeño tiene que crecer en Argentina,

necesitamos muchas más grandes empresas, y no siempre las mismas.

Esta diferencia de visión que es tan clara en los dos textos (el

acordado entre la oposición y el del oficialismo) que tiene impacto en

la mayoría de los temas de forma muy evidente.

Quiero repasar para que se comprenda como una visión liberal

muy simplificada, que cree que el mercado se va a acomodar solo

y por si mismo, se choca de bruces con la realidad del mercado

moderno argentino altamente concentrado, y confronta con una

visión en donde los jugadores intentan obtener las ventajas que

el estado les permite y que pueden imponer a sus competidores,

forzando al estado a poner reglas claras de juego que beneficien a

quienes no pueden imponerse por sí mismo.

La primera diferencia obvia entre las dos propuestas, la tenemos

en la obligatoriedad de lo que se propone: la propuesta oficial es un

mar de generalidades con pocas cosas claras. Mucha buena intención

y pocas respuestas en serio. La propuesta que acordamos es clara en

las obligaciones de las partes.

El primer lugar en donde se ve esto, es en el espacio máximo

en góndolas. Nosotros proponemos con claridad un lugar máximo

por proveedor (30% por proveedor o grupo económico), asegurar

la variedad (no menos de 5 proveedores) y un espacio para los

productos de la agricultura familiar, campesina e indígena y de las

mutuales y cooperativas (no menos del 5%) y las PYMES (25%).

Sumado a esto, se establece que los productos más baratos tengan

que estar a la mejor altura, evitando así que se escondan aquellos

más competitivos y que más favorecen a los consumidores.

De igual manera, venimos a proponer una regulación de los

mostradores al lado de la caja, saliendo de la pelea e imposición que

se da actualmente, y pasando a un lugar de fomento claro a las PYMES.

Con estas tres medidas centrales, generamos un cambio enorme

en el estado actual.

La propuesta oficial es únicamente la referida a la altura en góndola,

olvidándose del enorme grado de concentración de los productos

expuestos en góndolas en la argentina. En cuanto a la participación,

la deja librada al mercado y a las “prácticas comerciales habituales”.

Conocemos a la perfección las “prácticas comerciales habituales” por

eso estamos aquí legislando otra cosa.

Otra enorme diferencia, es la limitación a productos alimenticios

del proyecto oficial, cuando sabemos todos que hay un serio problema

en mucho más que los alimentos. Por eso la propuesta consensuada

se apoya en la necesidad de regular alimentos, bebidas, de higiene

y limpieza del hogar. Para nada es casual esta diferencia, cuando la

concentración en el mercado de bebidas es notoria, así como en

los productos de higiene y limpieza, en donde muy pocas marcas

acaparan todas las góndolas, a pesar de existir oferta de productos

de todo tipo por parte de productores más pequeños.

Donde más vemos la falta de comprensión de las reglas del

mercado, o la intención de no meterse realmente en el problema,

es en la estructura misma de la propuesta oficial. Allí se propone

imponer la necesidad de un Código de Buenas Prácticas a las grandes

empresas, pero en lugar de establecer el contenido, deja esto librado

a la autoridad de aplicación, con una apertura inexplicable. En lugar

de legislar, damos propuestas abiertas. El texto acordado por los

demás bloques es bien claro en las obligaciones, dando seguridad

jurídica y reglas sobre las que construir, porque con el estado actual

de situación, esperar que una autoridad del ejecutivo genere reglas

fuertes de protección, es no tener interés en resolver el problema

que venimos arrastrando hace años.

Pero hay varias cosas que muestran en serio un interés en resolver

el problema de las pequeñas y medianas empresas del sector y que

también marcan una diferencia.

El texto consensuado propone un techo claro al diferimiento de

los pagos, situación que hoy en día es una herramienta constante y

común de abuso por parte de las cadenas de distribución. El proyecto

del oficialismo se “olvida” del tema.

También se pone un freno a la posibilidad de cambios impuestos

por los fuertes en los contratos, así como la forma escrita para

cualquier modificación, prohíbe forzar al proveedor a entregar

mercadería gratuita y cargar en él las promociones y otros costos.

La propuesta oficial es dejar esto totalmente abierto o no decir

nada, aun cuando es sabido que este es uno de los aspectos que

ponen la bota encima de las PYMES, que no pueden imponer

mejores condiciones contractuales. No regular acá, es regular a

favor de los fuertes.

Acá hay que ser claros: si queremos favorecer a los pequeños y

medianos proveedores para lograr más competencia, transparencia

y mejores precios y calidades para los consumidores, entonces hay

que poner obligaciones simples y efectivas. No puede quedar en

manos de los fuertes regularse, ni podemos creer que en una mesa

de negociación, ambas partes van a llegar a acuerdos justos. Esto es

no entender el mercado, o hacerse el sonso.

La propuesta unificada entiende esto y toma decisiones que favorecen

a las PYMES, a la agricultura familiar, campesina e indígena, a los sectores

de la economía popular y Consumidores, dos sectores centrales si

queremos luchar contra la inflación, generar trabajo genuino, lograr un

mercado justo y mejorar la calidad de vida de los argentinos.

Por todo esto, desde nuestro bloque vamos a apoyar este proyecto

y todos los proyectos que busquen estos mismos objetivos.

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