Señor presidente, venimos un año luego de aprobar la ley original de economía del conocimiento, a votar su modificación.

Si bien la reforma es superadora del texto original, todo lo que rondó su aprobación original y la modificación que venimos a votar, es negativo para nuestra república.

El texto original fue acompañado por todos los diputados del recinto. Únicamente este diputado se opuso a muchos de los puntos flojos que tenía el texto original, impulsando modificaciones en este mismo recinto en particular.

No porque no apoyáramos la ley, sino porque era notorio que no se habían realizado los análisis necesarios y porque bajo el paraguas de apoyar a los chicos, se escondían los grandes.

En aquel momento no se hizo un estudio sobre el impacto económico de esta ley que viene a otorgar una flexibilización del trabajo y una reforma impositiva profunda en la Argentina. Recién en el Senado se realizó un informe que estimó que, de máxima, los beneficios para las empresas podían implicar el 3% del PBI de la Argentina.

Recuerdo las pymes que pasaron por la comisión cuando se aprobó la ley. No vi a Mercadolibre pasando. Recuerdo la cantidad de industrias de tecnología, satélites y emprendedores, no recuerdo a Pan American Energy.

Esta ley, la original y la que quedará luego de esta reforma, otorga ventajas enormes a las empresas más grandes del país. No nos hagamos los tontos.

Y yo como diputado, no vine a este congreso a beneficiar a las grandes empresas: vine a controlar a las grandes, proteger a las medias e impulsar fuerte a las PYMES, los consumidores y los trabajadores.

El camino es al revés.

Gracias señor presidente.

José Luis Ramón

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